Por Cristian González

No es Alaska, ni tampoco un documental del continente blanco aunque sobra la nieve, la aventura y el frío. Es San Martín de los Andes y allí tiene su lugar en el mundo Pablo Germann, un verdadero aventurero que se hizo camino al andar. Es platense, nació hace 58 años y estudió veterinaria pero en tiempos de la Dictadura Militar debió abandonar sus estudios para “guardarse”. Su militancia en la Juventud Peronista Universitaria lo ponía en una situación de máximo riesgo, que llegó muy cerca suyo. “Tengo muchos amigos que fueron desaparecidos. Éramos cuatro o cinco y todos están muertos, sólo quedé yo. Con ellos conocí la Patagonia como mochilero. Un viaje a Ushuaia nos quedó pendiente y luego yo lo completé sólo”, afirma Pablo y le da inicio a una larga charla telefónica desde su refugio, El Bosque de los Huskies (http://www.bosquedeloshuskies.com/principal) un emprendimiento en San Martín de los Andes que ofrece paseos en trineo para los turistas. “Yo creo que lo más importante es escuchar tu corazón y hacerle caso a tus sentidos. Cuando el ser humano usa mucho su inteligencia se contamina”, agrega Pablo a melavuelo.

¿Por qué te dedicás a los perros de trineo?

Yo lo que traté es de hacer rentable una pasión. Esa la clave de la longevidad, hacer lo que vos amas. Porque cuando te das cuenta es tarde. Ya lo dijo Borges, es tarde, fuiste, ya la vida no te da oportunidades. Yo creo que por genética hay gente que se puede dar cuenta temprano de lo que le gusta. Sin importar las formas, los modismos ni los viejos preceptos. Yo siempre hice lo que quise y corté camino por el más áspero. Y yo me abrí mi propio camino. Porque cuando evolucionamos en las ideas es cuando contaminamos.

¿Qué importancia tiene el perro en nuestra cultura?

Nosotros lo tenemos incorporado al perro en nuestra cultura como probecito. Al calorcito, que no se moje y nada que ver. Los perros son súper seres. Nosotros podemos morirnos 40 veces y ellos están ahí mirándonos. Los subestimamos pero ellos sirvieron para la civilización por ejemplo del Lejano Norte, en un 50% con el hombre. Ninguno tuvo mayor porcentaje que el otro y estuvieron íntimamente ligados para lograr el resultado.

¿Qué diferencias hay entre una mascota y un perro de trineo?

No tienen nada que ver. Son dos cosas distintas. Los perros de trineo no están pidiendo cariño, es muy especial. Generalmente que si vas a tocarlo muchos te esquivan la caricia, jamás te van a morder, pero están para otra cosa. Esto tiene que ver con su genética, en sus cromosomas llevan códigos de supervivencia fortísimos. Por ejemplo, si un hombre se cae al agua helada en Alaska se muere a los 7 minutos, el perro no. Eso te da la pauta que incorporamos a los perros a nuestra cultura pero canalizamos nuestras inseguridades.

¿Cómo es la relación con el animal?

Lo que hacemos trabajos en comunidad con perros u otros animales es reivindicarlos. En nuestra cabaña demostramos y revivimos con los visitantes viejas epopeyas, como los tramperos, los buscadores de oro o los pueblos esquimales que se desarrollaban en invierno sólo con la ayuda de los perros. Tenemos experiencia en expediciones en la Antártida donde pasamos por lugares donde se habían caído vehículos especiales y los perros pasaban. O situaciones donde olfateaban puentes de hielo y si no están seguros que van a sorportar no pasan. Eso no me lo contó nadie, lo viví yo mismo.

¿Qué satisfacción te diste con tus perros?

Corrí en Europa una carrera de 800, 900 kilómetros. Fue una prueba muy dura porque yo fui sólo. Me perdí la mitad de las cosas, contactos, porque tenía que atender a mis perros. Sobre los Pirineos franceses, sobre condiciones que para mí son más duras que los Andes. Fui con ocho perros y el resto corría con catorce. Me dí el gusto de hacer la experiencia que fue fantástica y terminar 22 de 50.  

¿Te salvaron los perros de alguna situación límite?

Si recuerdo una etapa nocturna de unos 80 kilómetros, que por el frío la linterna había dejado de funcionar. Y nos paramos en un lugar de nieve virgen, que dije esto no me gusta. Como los perros no querían avanzar, les doy la orden a para dar la vuelta. Cuando se hizo de día pasamos por el otro camino a unos 5 o 6 kilómetros más abajo y pude ver que no querían avanzar porque había un precipicio. Ahí dije mamita de la que me salvé.   

SU VIDA DE MILITANTE Y SUS AMIGOS QUE YA NO ESTÁN

Además de todas las cosas que la vida le tenía preparado en el Sur, Pablo vivió otras experiencias, de las traumáticas o las que marcan a uno para siempre. “Viví experiencias muy duras en mi vida. En mi militancia política en mi juventud. Yo estuve en la Plaza de Mayo y vi el cadáver de (Juan Domingo) Perón en el Congreso después de cinco días de lluvia. Esa fue una de las tantas experiencias particulares. No reconozco un momento trivial en mi vida”, reconoce y comparte el costado más doloroso que le dejó su época de estudiante. “Mi grupo de amigos, donde éramos cuatro o cinco, están todos muertos, desaparecidos. Cuando me fui de Buenos Aires y llegué a la Isla (Tierra del Fuego) estuve siete años sin salir y sin ver a mi familia. Era para cuidarlos, por miedo a que les pase algo. Nunca vi un arma, ni un secuestro, ni nada de eso. Pero llegué  a dormir en cuatro lugares diferentes en una noche. Todo por una panfleteada o por pensar distinto.