¿Por qué amamos a Bolt a pesar de su arrogancia?
¿Por qué amamos a Bolt a pesar de su arrogancia?

Es el mejor de todos los tiempos. Gana siempre. Y siempre queremos que gane. Si alguna vez sucediera lo que nunca va a suceder, es decir que pierda, nos sentiríamos inmensanme tristes. Nos gustan las sorpresas. Nos gusta que los más débiles superen a los más poderosos. Creemos que la victoria de los pequeños es una victoria contra los millones del deporte capitalista. Creemos que es una victoria del amateurismo, del espíritu olímpico. Pero con Usain Bolt no. A ese tipo arrogante, canchero, mezcla de payaso, atleta y personaje mediático por favor que nunca a algún débil se le ocurra vencerlo.

Bolt hace cosas que debieran molestarnos. Le gusta el show y también las cámaras. Después de ganar carreras se toma selfies. Es sobrador. Cuando les saca ventaja a sus rivales, se toma el tiempo para girar su cabeza y gozarlos por la enorme distancia que les sacó en apenas 100 o 200 metros. Frena antes de llegar a la meta. Nunca en ninguna competencia, inclusive en las que rompió récords mundiales, se esforzó al máximo. Siempre en algún momento de su carrera disminuyó la marcha.

Bolt corre como un Dios. Los humanos, aquellos que compiten por ser el mejor de los mortales cuando él corre, lo siguen desde atrás. Es imbatible. Y también es el atleta más imperfecto que haya pisado una pista de atletismo. Mide 1,95 metros. Sus movimientos requieren de mayor tiempo para ser sincronizados. Basta con mirar a los futbolistas o a los basquetbolistas que tienen una altura superior a la del resto: son los menos dúctiles y los más lentos. Su pierna derecha mide 1,5cm menos que la izquierda. Eso tampoco favorece su coordinación y, además le provocó una escoliosis que le genera dolores en la espalda. Encima su inicio de carrera es siempre pésimo: debe levantar su metro noventa y cinco desde el suelo. Tarda 40 metros en erguirse y sus rivales al tener que levantar desde el suelo menos centímetros le sacan una enorme ventaja.

Además de las ventajas físicas, el Rayo da ventajas mentales y psicológicas. Su entrenador asegura que nunca corre la carrera perfecta: la arranca mal y la termina mal. Siempre. Su mal arranque es producto de su altura. Su mala finalización producto de la distracción y del show.  Pudo haberse acercado a los 8 segundos en los 100 metros. Pudo bajar los 19 segundos en los 200 metros. Pero no lo hizo. Y por eso sintió bronca cuando la lluvia- que la Diosa naturaleza le colocó en la final de 200 en Río- le impidió mejorar su marca. Bolt no pudo contra él mismo. Pudo ser perfecto y no lo fue. Aunque no parezca, detrás de todas las morisquetas y canchereadas, hay un hombre- o un Dios- débil. Bolt tiene la imperfección del perdedor y eso es lo que, a los amantes del deporte, nos hace amarlo.