Cada mañana en California, Michael se levanta con una intención clara: poder practicar kayak, su deporte extremo favorito. Un problema motriz lo obliga a moverse en una silla de ruedas. Sin embargo, nada lo detiene para que día a día vea de cerca y sienta la inmensidad del mar.

Como puede y gracias a las mañas que le dio el tiempo y la experiencia, carga su bote a su camioneta y sale para el océano, donde se siente libre y se olvida de lo que la vida no le dio. A los pocos minutos de manejar su rodado, tiene la chance de llegar hasta la arena y comienza a bajar su bote, minutos antes de lanzarse al agua.

Después llega el momento de armar el equipo y ponerse el traje de neoprene para cumplir una vez  más con su gran tarea diaria: hacerle frente a la vida sin importar las limitaciones. Michael se pierde en la inmensidad del agua y una linda historia que merecía ser contada salió a la luz.