Newell's Old Boys y Rosario Central protagonizaron este domingo un nuevo capítulo del clásico rosarino que tuvo mucha tensión, algo de pierna fuerte, poco fútbol y un empate sin goles que no le sirve a ninguno en el torneo de Transición.

Enrarecido en la previa por la violencia vivido en Newell's, que no vence a su máximo rival desde 2008, hace diez partidos, al duelo le costó salir de ese clima, se luchó más que jugarse, se llenó de amarillas y una roja, para el volanet central canalla Damián Musto, aunque a dos minutos del final.

Newell's llegaba crispado por la necesidad de una victoria debido a cinco derrotas en los anteriores seis clásicos, racha adversa que se devoró a los directores técnicos Alfredo Berti, Gustavo Raggio y Lucas Bernardi y, además, obligó a adelantar las elecciones de diciembre para el 19 de junio próximo.

La última vez que ganó el clásico la Lepra fue en el Apertura 2008, por 1 a 0. Desde entonces hubo 5 empates y 5 victorias de Central.

Por su lado, Central también necesitaba triunfo porque, después de las victorias de los punteros de la Zona 1, Godoy Cruz y San Lorenzo, había quedado rezagado en la pelea por los primeros lugares. Ahora, a 5 unidades, su sueño de pelear el título parece desvanecerse.

El partido estuvo rodeado de una atmósfera violenta durante toda la semana previa y la última manifestación de ello, muy grave, fue el apriete de un grupo de barras de Newell's al plantel -presuntamente con armas de fuego- el viernes por la noche en la concentración, episodio que trascendió un día después.

El jueves, en el ya tradicional banderazo que se realiza en el Coloso del Parque como espaldarazo previo al clásico, la hinchada colocó en una de las cabeceras un mensaje con luces que exigía: "Matar o morir" y durante la madrugada siguiente se conoció que otro grupo de hinchas perpetró un atentado incendiario contra la subsede de Central llamada El Clubsito, en Juan B. Justo 970, a apenas una cuadra y media del Estadio Gigante de Arroyito.

Crónica y síntesis