Cuando el año pasado el Barcelona de Messi destrozó en la Champions al Bayern Munich de Josep Guardiola, no sólo celebraba su pase a la final que al cabo ganaría ante Juventus: estaba concretando el asesinato simbólico del hombre que había creado su estilo de juego. Ganarle a Pep era, para el elenco culé, imponer al colectivo por sobre el individuo, al juego por sobre el estratega. Demostrar que el equipo era más que el entrenador.

En los cuartos de final de la Europa League, Borussia Dortmund afrontaba un escenario similar. Si se convirtió en protagonista de la Bundesliga y llegó a la elite continental en los últimos años, se lo debía a Jurgen Klopp. Por eso debia ganarle al Liverpool inglés, el nuevo equipo de su ex DT. Y durante una hora este jueves pareció lograrlo.

Hasta que se concretó el "milagro de Anfield".

Liverpool, empujado por sus hinchas y por la euforia de Klopp, protagonizó una de las más espectaculares reacciones de la temporada, y después de estar 1-3 a los 12 minutos del segundo tiempo, venció 4-3 al conjunto alemán, de manera agónica, para meterse en las semifinales de la Europa League.

Mhkitarian y Aubemeyang habían mandado el partido 0-2 al descanso. El descuento de Origi ('48) encendió una esperanza que pareció apagarse definitivamente cuando Marco Reus puso el 1-3 (57').

Pero Klopp no estaba dispuesto a perder. El técnico alemán movió el banco, mandó a Allen y Sturridge por Lallana y Firminio. El gol de Coutinho (66') volvió a levantar a la gente y esta vez Anfield no se apagó. Mamadou Sakho empató a 12 del final. El 3-3 no alcanzaba, porque el 1-1 de la ida daba la clasificación a Dortmund por la mayor cantidad de goles de visitante. 

Y el milagro llegó sobre la hora. Al minuto 90 Dejan Lovren puso el 4-3. Anfield fue una fiesta.

Liverpool pasó a semifinales. Es el único equipo invicto que sigue con vida en las competencias europeas. 

Y Klopp prevaleció. Esta vez, el hombre pudo más que el equipo.