Paraguay mereció golear a un Brasil deslucido como pocas veces. No lo logró. El gol de Lezcano sobre el cierre de la primera mitad y el de Benítez al comienzo de la segunda hacían imaginar un triunfo sin precedentes favorable al elenco que hoy conduce Ramón Díaz, sin embargo terminó padeciendo hasta el último de los minutos y empató casi que de milagro.

Sin merecer absolutamente nada, el equipo de Dunga encontró el descuento a través de Olivieira luego de un rebote de Justo Villar cuando empezaba a bajarse el telón y, hasta el pitido final, buscó insistentemente la igualdad en el marcador. ¿Ideas?, pocas, pura voluntad.

El dueño de casa respetó por demás a un rival hoy vulnerable, lo dejó agrandarse a punto tal que Dani Alves con un remate de media distancia encontró una igualdad que dejó mejor parado a Brasil. El elenco amarillo, si caía, encontraba el receso por Copa América mirando la tabla fuera de los puestos de repechaje pero terminó por encontrar una igualdad que tal vez entregue algo de calma a los ánimos caldeados que hoy cuestionan cada paso de Dunga sin entender, tal vez, que éste Brasil ya no es aquél de los años mozos.