El tiempo pasa y las esperanzas de una mejoría se desvanecen poco a poco. El sueño de volver a ver Michael Schumacher en plenitud depende de un milagro. A dos años de trágico accidente ocurrido en la estación de esquí de Meribel, en los Alpes franceses, mientras esquiaba junto a uno de sus hijos, las escasas noticias o comentarios surgidos del círculo más íntimo del ex astro de la Fórmula 1 son poco alentadoras. O quizá hasta son tristes para los millones de fanáticos que el alemán tiene en todo el mundo. Desde que golpeó duramente su cabeza contra una roca gigante tras una caída a toda velocidad mientras practicaba uno de sus deportes favoritos, el estado de saludo de Schumacher es desolador. Crítico.

Desde hace tiempo que su familia decidió mantener casi en secreto total el estado y recuperación del siete veces campeón del mundo de la Fórmula 1, aunque a pesar de esta medida los rumores siempre aparecen y también los problemas. En los últimos días, ante una andanada de versiones que indicaban que el alemán estaba pudiendo caminar por sus propios medios, su portavoz, Sabine Kehm, le confirmó al diario germano Bild que el ex piloto no puede andar por sí solo y desmintió cualquier tipo de mejora en su estado. “La afirmación de que puede andar no se corresponde con los hechos. Esas especulaciones son irresponsables”, afirmó. Aun así, Kehm admitió con mucha cautela que “en las últimas semanas y meses ha hecho progresos con respecto a la gravedad de su herida, pero hay un camino duro y largo por delante”.

Lo cierto es que su mujer, Corinna, es de las personas que más lucha y apuesta por la recuperación de su marido. En septiembre del año pasado logró que el alemán fuera trasladado desde el hospital universitario de Lausana, donde estaba internado, hasta su impresionante mansión de 700 metros cuadrados ubicada en la localidad de Gland, a unos kilómetros de Ginebra. Ella fue quien  transformó su casa en un auténtico hospital privado para que la recuperación se lleve a cabo bajo las mejores condiciones posibles y bajo el máximo secreto posible.

En el interior de la casona se turna día y noche un batallón de personal médico para atender al ex campeón. Hasta el momento, según algunas estimaciones surgidas del círculo más íntimo, la mujer del deportista tiene un gasto (en servicios médicos) cercano a unos 140 mil euros semanales. Una cifra que sumada a los gastos realizados para adaptar la mansión con las mejores condiciones posibles, pusieron en jaque las finanzas de la familia Shumacher.

Aunque algunos medios germanos señalaron que Corinna lleva gastados entre 15 y 20 millones de euros desde el accidente, otros dicen que la cifra puede ser superior. Para solventar esos gastos decidió vender el avión privado de la pareja, valuado en 35 millones de euros, y una casa de vacaciones en Noruega, tasada en casi 3 millones de la moneda europea.

Corinna y Kehm son las dos personas que más cerca están de Schumacher, al punto tal de que la esposa mantiene un cortocircuito con Willi Weber, histórico mánager del campeón. “Ella me impide cualquier contacto con Michael. He intentado docenas de veces pedirle permiso para visitarlo, pero cada vez sin éxito. Siempre hay excusas y justificaciones, hace poco me dijeron que era por miedo a las bacterias. La situación para mí es terrible”, reconoció Weber, quien acompañó al alemán en su carrera más de 20 años.

Desde aquel fatídico 29 de diciembre de 2013, la familia protege cualquier información sobre Schumacher con mucho recelo. Sólo unos pocos amigos súper seleccionados, como Jean Todt (el ex director del equipo Ferrari) y Ross Brawn, tuvieron acceso a verlo.

A dos años del accidente, y tras haber estado más de 150 días en coma inducido, y con severas lesiones cerebrales por el golpe en su cabeza, la salud de Schumacher es incierta. Con mucho hermetismo, casi sin buenas noticias, para algunos es casi imposible que salga de su estado vegetativo. El dueño de casi todos los records en la categoría reina del mundo motor, desde hace 24 meses sólo puede respirar, y con ayuda.