Durante el 2015 River futbolísticamente fue una sombra de aquel equipo que deslumbró con un juego vistoso apenas finalizado el Mundial de Brasil 2014. Sin embargo con mucha actitud y no creyéndose menos que nadie, consiguió su título más importante en los últimos 19 años: una Copa Libertadores y encima con el gusto inmenso de haber eliminado a Boca en el camino.

El año para el equipo de Gallardo empezó de la peor manera. Perdió los dos Superclásicos del verano, el segundo de ellos por un desconcertante 5 a 0. Tras aquella goleada el técnico fue muy crítico y River recuperó algo de su fútbol en el inicio del Torneo de 30 equipos y la Copa Libertadores.

Sin embargo los resultados no terminaron de acompañar en el certamen internacional, que River se había preparado para ganar. Después de una derrota y cuatro empates, el conjunto millonario llegó al último partido de la fase de grupos con la necesidad de ganarle a San José en el Monumental y esperar que Tigres de México se encargara de bajar las ilusiones de Juan Aurich en Perú. Necesitaba un milagro. Y se dio. Y como fue el último clasificado, su premio fue enfrentar al primer clasificado: Boca Juniors.

El conjunto xeneize tenía y aún tiene un plantel más rico que su clásico rival y por aquel entonces su técnico Rodolfo Arruabarrena se daba el lujo de contar con dos equipos completos, sin que uno fuera más titular o suplente que el otro. Con uno de esos equipos le ganó a River 2 a 0 en la Bombonera por el torneo local, días antes del primer clásico por los octavos de final de la Libertadores.

En ese momento Boca maduraba darle a River el golpe de nocaut. Pero la gran virtud del River campeón de la Libertadores fue que siempre supo reaccionar en las malas. Doble cinco con Kranevitter más retrasado y Ponzio presionando bien arriba. Ingreso y desequilibrio de Pity Martínez en el segundo tiempo. Y Carlos Sánchez soportando la presión de meter un penal para la historia. Así River ganó 1 a 0 en el Monumental y al haber evitado que Boca conviertiera como visitante se transformó en el favorito de la serie. En la revancha el planteo fue similar pero el gas pimienta no dejó que River clasificara en la cancha.

Para esa altura el Torneo de los 30 equipos ya no era prioridad para River, aunque realizaba una buena campaña y estaba invicto hasta la derrota con Boca. Pero a partir de los cuartos de final de la Libertadores, el torneo quedó bajo la responsabilidad de Fernando Cavenaghi- que la aprovechó a puro gol- y varios juveniles que no supieron consolidarse. Cruzeiro, el rival de los cuartos de final, fue la gran prueba de fuego. Tras la derrota por 1 a 0 en el Monumental, River tuvo que ir a ganar a Brasil. Y goleó 3 a 0 en su mejor partido del año con muchos puntos altos, aunque lo más destacado fueron los últimos servicios de Ariel Rojas y Teófilo Gutiérrez.

Días después vino el momento más emotivo y nostálgico del año, al menos para quienes disfrutamos del fútbol mismo que Pablo Aimar nos regaló a fines del milenio anterior y prinicipios de éste. Fueron solo dos partidos. Y pocos minutos. Pero los 15 jugados en la victoria por 2 a 0 en el Monumental ante Rosario Central fueron un regalo divino.

Nos ilusionamos con que Aimar vuelva a disfrutar del fútbol y por consiguiente el hincha del fútbol también volviera a disfrutar en Argentina como no lo hace desde el retiro de su amigo Juan Román Riquelme. Aunque a Aimar lo diferencia de Riquelme una enorme sonrisa, que hace a su fútbol mucho más bello, y un perfil mucho más bajo. Tan bajo, que se fue en silencio, sin protestar y sin lamentos. Así River se quedó casi sin fútbol.

A la vuelta de la Copa América, Gallardo se encontró con un equipo completamente diferente. Sin Ariel Rojas, sin Teófilo Gutiérrez, y con Aimar sin poder recuperarse pero con refuerzos de experiencia como Luis González, Javier Saviola y Nicolás Bertolo y apuestas como Tabaré Viudez y Lucas Alario. Y en principio funcionaron, especialmente los últimos dos, quienes se combinaron para marcar un gol clave en Paraguay en las semifinales de la Copa Libertadores.

La final llegó con un premio para el ídolo, después del 0 a 0 que resistieron Maidana y Funes Mori en México, la ausencia de Rodrigo Mora le dio la oportunidad a Fernando Cavenaghi de jugar y ser el capitán del partido más importante para River en dos décadas. Sin embargo no fue el héroe sino Lucas Alario quien abrió la goleada por 3 a 0 ante Tigres con un cabezazo formidable. Con mucha intensidad, muchas ganas, una defensa muy fuerte y contundencia River se consagró campeón de la Copa Libertadores aunque su pico de fútbol y su buen funcionamiento ya se hubieran agotado tras las partidas de Rojas y de Teo. 

Después de la consagración en la Libertadores, River no pegó una ni en el torneo local ni en la Copa Sudamericana y lleva actualmente una tremenda racha sin poder ganarle a un rival argentino en el estadio Monumental. Su última victoria se remonta al mencionado 2 a 0 frente a Rosario Central el 31 de mayo. El equipo de Gallardo tuvo la cabeza en el Mundial de Clubes, pero si bien intentó y no se achicó ante Barcelona pagó muy caro cuando dos jugadores (primero Leonardo Ponzio y después Carlos Sánchez) se tomaron demasiado tiempo para desprenderse de la pelota. Eso derivó dos perdidas absurdas de la pelota y dos goles en contra que se hicieron imposibles de remontar contra una máquina como el Barcelona. River perdió, como indicaba la lógica, pero con el orgullo de haber salido a buscar la victoria y no a esperar no ser goleado.

Para el 2016 River deberá reformularse. Perderá más soldados como el uruguayo y Matías Kranevitter y los refuerzos para reemplazarlos probablemente no están a la altura. Será tiempo de reconstrucción y será necesario que aparezcan también refuerzos de inferiores, una materia que aún debe el Muñeco como técnico, quien ha hecho debutar y les ha dado oportunidades a muchos juveniles pero no ha logrado hacerlos explotar. De que Gallardo logre eso dependerá mucho el futuro futbolístico y económico del club.