Boca terminó un 2014 envuelto en dudas y con mucha incertidumbre. Para entrar a la Copa Libertadores debía jugar un partido desempate ante Vélez que generó mucha polémica. Además, el equipo no respondía tal como pedía Rodolfo Arruabarrena y es por ello que Daniel Angelici decidió realizar una serie de incorporaciones que jerarquizaron al plantel.

Guillermo Sara, Fernando Tobio, Marco Torsiglieri, Gino Peruzzi, Alexis Rolín, Pablo Perez, Nicolás Lodeiro y Daniel Osvaldo. Más el equipo que estaba, parecía que Boca se paraba por encima del resto, incluso del super campeón River, que había obtenido el torneo local, la Copa Sudamericana y la Recopa Sudamericana.

Comenzó su año con el pie izquierdo en el debut del verano ante Racing. Fue derrota por 4-1 y se abrieron muchos interrogantes. Luego comenzaron las victorias que levantaron los ánimos. La victoria ante el Fortín le dio el boleto para la Copa Libertadores y dos triunfos ante River (uno con goleada incluida) hicieron que el Xeneize encontrara el rumbo.

Estuvo 19 encuentros oficiales sin conocer la derrota (13 por el torneo local y 6 por la Copa Libertadores). Hasta allí Boca era un equipo dominante, que aplastaba a sus rivales. No había quién le hiciera sombra en ninguno de los dos ámbitos en cuanto a volúmen de juego, intensidad e individualidades.

Lodeiro comenzó siendo una de las figuras al igual que el delantero estrella, Osvaldo. Marco Torsiglieri mostraba mucha firmeza en la zaga central. Parecía que después de mucho tiempo los refuerzos en el conjunto de la Ribera daban sus resultados. 

Pero el 14 de mayo por los octavos de final de la Libertadores algo inesperado tomó por sorpresa a todo el plantel. El escándalo que se vivió en el inicio del segundo tiempo ante el Millonario por el encuentro de vuelta. El Gas Pimienta, el Panadero, la vinculación de la barra con lo sucedido esa noche, manchó una campaña que pintaba para ser histórica. Finalmente quedó eliminado de la competencia internacional que los de Núñez se llevarían para sus vitrinas.

El golpe caló en lo más profundo. Todo el mundo Boca lo sintió, en especial los jugadores y el cuerpo técnico que tardaron en encontrarle la vuelta.

Luego de aquella noche y del receso, el plantel tomó unas vacaciones para luego retomar con los dos compromisos que tenía por delante: Torneo de 30 y Copa Argentina. En el medio tuvo tiempo para una sonrisa. Volvió el hijo prodigio: Carlos Tevez. El Apache dejó Juventus para volver al equipo de sus amores. Llegó en el mejor momento de carrera, aunque con muchos partidos encima. Sin embargo, con el correr de los días dio muestras de su gran calidad futbolística.

Poco a poco entró en el sistema táctico del Vasco, Boca comenzó a olvidar el mal trago de la Libertadores y a sacar la diferencia necesaria para terminar el año consagrándose en un torneo largo donde disputó 30 partidos, ganó 20 de ellos, empató apenas 4 y perdió solo 6. Marcó 49 goles y solo recibió 26.

Finalmente tuvo una oportunidad más para seguir sumando estrellas. Alcanzó la final de la Copa Argentina frente a Rosario Central en el estadio Mario Alberto Kempes. El partido terminó en un bochorno. El conjunto azul y oro ganó 2-0 con un pésimo arbitraje de Diego Ceballos. Pero eso, es otra historia.

Así consiguió su segunda estrella de la temporada que lo habilitó para disputar una nueva final frente a San Lorenzo el 18 de febrero.

El trago amargo frente a River quedó como una espina difícil de digerir, pero la obtención de dos copas no solo sirvió para dar vuelta la página de ese episodio sino también para demostrar que Boca en las malas estaba más vivió que nunca. Evidenció mucho carácter y terminó siendo el mejor de la Argentina.

Ahora tendrá una nueva temporada donde busca comenzar de la misma manera con un solo objetivo en la mira: la Copa Libertadores