El shock al corazón del rugby inglés -que será también económico para la organización del Mundial- por la temprana e inesperada eliminación de Inglaterra de la Copa del Mundo recién empieza para la estructura inglesa del rugby. Se esperan muchos cambios y las repercusiones siguen en los medios y en las calles con el foco puesto en la figura del entrenador de La Rosa.

"The end of the world", tituló el Mail on Sunday con el capitán Chris Robshaw de rodillas en la cancha. "La agonía", escribió  el Sunday Times. "Humillado en su propio suelo", redactó el Daily Telegraph, que agregó que "el sueño de una Nación se rompió". Y ayer fueron por más: "El puesto a ocupar", definieron buscando ya el remplazante para Stuart Lancaster. "La decisión sobre el futuro del entrenador no debe ir más allá de la fase de grupos, fue el peor rendimiento de una nación anfitriona", escribió.

Sin embargo, el head coach de Inglaterra, el único que habló (los diez jugadores que por acuerdo de la World Rugby tienen que estar disponibles para hablar post partido no se presentaron y podría ser penalizada la RFU) no presentó su renuncia, tiene contrato hasta el 2020, pero se mostró   quebrado. “Soy el head coach y esto es mi responsabilidad. Como entrenador tuve momentos buenos y otros decepcionantes pero todo lo demás resulta insignificante por lo que representaba esto para nosotros", comentó. En cuanto a su futuro señaló: "Necesitamos un poco de tiempo y la RFU también. Vamos a tomar la decisión correcta en el momento adecuado." Y desmintió una fractura interna en el staff técnico, algo que se filtró por el padre de Owen Farrell. "No tuvimos ni hay una división en el cuerpo técnico y nada de eso debería ser investigado en ese sentido", cerró. A Inglaterra le queda su último partido ante Uruguay, el sábado, en esta Copa del Mundo, la que quedará en la memoria por la desazón inglesa en su propia casa.