Poco más de cuatro años. Pasaron 1502 días del momento más oscuro en la historia de River, aquel junio de 2011. Hoy, gracias al inconmensurable aporte de un grupo de jugadores, guiados por un hombre que mamó desde pequeño lo que representa el club de Nuñez en el fútbol local e internacional, los hinchas millonarios pueden gozar de ser los vigentes campeones del torneo más importante del continente. 

“De la nada a la gloria”, reza el Indio Solari en Motor psico. La frase sirve para titular lo que fue esta suerte de renacimiento. Repasemos un poco.

El 26 de junio de 2011 tras empatar 1 a 1 con Belgrano en el Monumental, aquel equipo dirigido técnicamente por Juan José López perdió la categoría y descendió a la Primera B nacional. Era la primera vez en la historia que ocurría.

Los hinchas lo recuerdan bien. Ese hito hizo necesario que un hombre de la talla de Matías Almeyda cuelgue los botines y se ponga al frente de un grupo de jugadores que cargaban con una responsabilidad que pocos han tenido que soportar.

Gracias al regreso de Fernando Cavenaghi y Alejandro Domínguez, más el arribo de David Trezeguet, River logró la ansiada vuelta a la máxima categoría.

Parecía que todo volvía a su lugar. Pero no fue así. Almeyda, por pedido expreso del presidente -por aquel entonces, Daniel Passarella-, apartó del plantel al Cave y al Chori. Esa decisión, polémica, ocasionó un malestar del público para con la dirigencia.

Tras un torneo marcado por altibajos, Matías Jesús dejó vacante el puesto de entrenador. Era momento de apostar fuerte, y así se hizo. Complaciendo el pedido de la gente, el Kaiser dejó su orgullo de lado y llamó al hombre que sólo sabe de éxitos: Ramón Ángel Díaz. No fue sencillo el comienzo para el riojano más famoso. Pero con el correr de los partidos, Díaz logró plasmar en el campo de juego su famoso “River ofensivo”.

Hay que hacer un parate en este relato para marcar un punto no menor: en diciembre de 2013, los hinchas se expresaron en las urnas y eligieron a Rodolfo D’Onofrio como máxima autoridad del club.

Un tiempo después del regreso de Ramón, el presidente dispuso la vuelta del Cavegol y la incorporación de Teófilo Gutiérrez. Ambos fueron los artífices del triunfo de River en la Bombonera. En esa misma competencia, el Millo se coronó campeón del Torneo Final 2014.

Con la obtención del campeonato local, River consiguió volver a disputar torneos internacionales. Tras cumplir el objetivo de “poner al club en los lugares altos”, Ramón abandonó el club. Era el momento del regreso de un hijo pródigo: Marcelo Gallardo.

Y con la llegada del Muñeco, llegó el fútbol de alto vuelo. Ese mismo que meses después le permitió a los hinchas millonarios disfrutar de ser campeones de la Copa Sudamericana. Esa coronación le dio a River el boleto necesario para participar de la tan ansiada Copa Libertadores.

El camino fue áspero. Tras una dificil clasificación a Octavos, rivales de la talla de Boca y Cruzeiro intentaron bajar al Millo, pero sin éxito y los de Gallardo lograron llegar a la final. Esa final que inició con un empate en cero en tierras aztecas, y se definió con un contundente 3 a 0.

Una historia de resurrección.