Detrás del fútbol rebalsan escándalos a nivel mundial y nacional. Desde negocios turbios hasta superclásicos bochornosos. De algún u otro modo en escena aparecen siempre los barrabravas. Si hay muertes, desmanes o atropellos, este grupo de mano de obra patoteril está en el eje de la tormenta. Nadie puede contra ellos: ni las fuerzas de seguridad, ni la política ni las dirigencias. Según la organización Salvemos al Fútbol, desde 1922 hasta 2015 hay más de trescientas víctimas de la violencia en el fútbol. 

"No hay ningún barra detenido", señala Juan Manuel Lugones abogado especializado en este tema. El ex juez Mariano Bergés también sigue de muy cerca el tema. Para él, el problema de que las causas no avances es de la Justicia. "Es lenta. Los jueces le temen a las cuestiones políticas, los policías y los dirigentes se tiene rencor. No se investiga", opinó. 

En INFOnews elegimos tres casos de personas asesinados por barras, tres historias distintas que dan cuenta de la inacción de la justicia y que al día de hoy están en la nada absoluta.

Daniel García: un viaje, una tragedia

Liliana es la mamá de Daniel García. Su hijo fue asesinado cuando tenía 19 años. Fue en 1995 al final de un partido de la Copa América, torneo organizado por la Conmebol. Hace dos décadas cuando la Selección Argentina se enfrentaba a Chile en Uruguay.
Daniel era de Boca pero un amigo suyo, hincha de Platense, y lo invitó a viajar en combi a Paysandú. “Son menores, no los van a dejar cruzar”, le dijo Liliana a Daniel. “Mami, los chicos fueron otras veces, no pasa nada”, la convenció su hijo.

Los jóvenes pudieron cruzar sin problemas. En el vehículo iban también hinchas de Platense y de Defensores de Belgrano.
Entraron al estadio, disfrutaron del partido en el que Argentina ganó por 4 a 0 y luego se subieron a la combi para emprender el regreso a casa.

De repente un grupo de aproximadamente veinte barras de Tigre y Morón emboscó a la combi en la que ellos volvían. Los chicos se bajaron para ver qué pasaba y entre cuchillos, palos y estiletes clavaron a Daniel tres puñaladas. Murió desangrado luego de treinta minutos de agonía.

Otros tres jóvenes resultaron gravemente heridos. Ninguna ambulancia ni la policía uruguaya se acercaron al lugar. Los barrabravas escaparon y volvieron a la Argentina. 

La barra de Morón tenía contratos con el ex intendente Juan Carlos Rousselot. “Él puso a disposición a sus abogados”, denunció Liliana.

La causa fue tramitada en el Juzgado en lo penal y correccional 4to turno de Paysandú, Uruguay. El juez llegó a gritarle a Liliana y a tratarla mal. "Tuvo seis años la causa. Hubo muchas contradicciones con la fiscal. Se decía que corrió dinero para tapar la verdad”.

"La causa estuvo por diez años en secreto de sumario, salvo cuando se archivaba, yo aportaba algo nuevo y volvía a estar bajo secreto de sumario. Nadie me ayudaba”, se lamenta.

Los temibles barras

La barra de Morón tenía contratos con el ex intendente Juan Carlos Rousselot. “Él puso a disposición a sus abogados”, denunció Liliana. 

Liliana viajó infinidad de veces a Uruguay porque la causa está en la justicia de ese país, incluso con abogados de allí. Ante la parálisis judicial, ella misma llevó testigos a declarar pero no pasó nada. “Todos se lavaron las manos, la organización fue pésima, no se investigó nada”. Tan es así que los chicos que viajaban en la combi pudieron volver a la Argentina sin problemas. Ella no conocía a esos jóvenes, luego con el tiempo averiguó que dos de ellos tenían antecedentes.

“Capaz hubo una vendetta entre Tigre y Defensores de Belgrano”, sospecha Liliana. En Morón es vox populi el nombre del autor. Se lo ve en los videos del asesinato. Todos sospechan de un tal “Lobato”. 

“Teníamos gente clave, por ejemplo un policía iba a declarar pero misteriosamente un par de días antes lo pisó un camión y murió”

Es escalofriante el relato de esta madre sobre lo que le pasó a un testigo: “Teníamos gente clave, por ejemplo un policía iba a declarar pero misteriosamente un par de días antes lo pisó un camión y murió”.

Jamás hubo un detenido. La causa está prescripta y archivada.

El infierno rojo de Christian

A Christian Rousoulis no le gustaba mucho el fútbol. En su casa no eran fanáticos de ese deporte. Tan es así que en sus 25 años de vida nunca había ido a la cancha. Un domingo cercano a la navidad de 1996, se encontró a un amigo en Villa Dominico, su barrio y decidieron ir a ver lo que quedaba del River-Independiente que ya había comenzado. 

En la cancha había disturbios, las hinchadas se mezclaron al salir y los desmanes no tardaron en producirse. La Policía salió corriendo. Todo se desbandó. Christian llegó a la avenida Mitre y se quedó parado, mirando los locales rotos, las motos de los delivery destruidas e intentando comprender lo que pasaba. Tenía puesto un gorrito de Independiente. De repente una persona lo golpeó de atrás. Cayó al piso. Otro le pegó dos puñaladas por la espalda. Murió al otro día en el Hospital Fiorito.

Nora Tárraga, la mamá de Christian no sabía lo que era un barra. Hoy es una experta en la materia. Es que la causa de su hijo fue estudiada por ella en detalle, a tal punto que buscaba testigo por testigo, casa por casa para que el asesinato no quede en la nada.
“Leía el expediente con una lupa y cuando encontraba una dirección, iba”, rememora. Una vez fue a buscar a uno de los heridos de ese día que estuvo en el Fiorito. Cuando llegó la atendió una mujer que se puso a llorar. Ella pensó que era por lástima o empatía pero no, era porque Nora develó que ese hombre era un barra, el Gallego Chofitol que luego la llamó amenazándola.

Tárraga recuerda que en esa época ya había fracciones violentas. De hecho, esa puja de poder fue lo que desencadenó la debacle. Luis “Luisito” Pereyra y Edgar “El Diariero” Butassi eran los líderes de “Los borrachos del tablón”. Esa fracción ya peleaba con dos jóvenes no tan conocidos en esa época: Alan Schlenker y Adrián Rousseau. "Alan y Adrián vieron todo". Recién en 2011 logró que fueran a declarar.

“Rito Ramón Barrios, integrante de la barra de River, vio todo. De su testimonio se supo que el Mono Saldivia fue el que le pegó y que Gustavo Villareal lo mató”. 

“Leía el expediente con una lupa y cuando encontraba una dirección, iba”

Gracias a su declaración, él junto a Pereyra fueron detenidos. Sin embargo, por una vuelta judicial esa declaración quedó nula y todos libres. De hecho, Pereyra obtuvo un permiso para ir al Mundial de Francia en 1998.

“Barrios detalló todo: cómo repartían entradas y cómo el Monito, que era barra de River, trabaja para Roberto Digón, ex vicepresidente de Boca”.

Nora cuenta otro episodio que desnuda los lazos carnales entre los dirigentes y los barras. Una vez, encontraron el celular del ex presidente de River Alfredo Dávicce y cómo tenía llamados de barrabravas, Dávicce se negaba a declarar. “El fiscal tuvo que obligarlo a que haga la denuncia”, recuerda Nora.

A casi 20 años del asesinato de Christian la causa está en la nada.

Un caso bisagra

El 25 de junio de 2007 en Mataderos, Tigre vivía uno de los momentos más felices de su historia deportiva: regresó a primera luego de 27 años y condenó al descenso a Nueva Chicago. Cuando ganaba 2 a 1 y disponía de un penal, el partido se suspendió y se desató la barbarie en la que asesinaron al hincha de Tigre Marcelo Cejas, de 41 años.Vecino del Barrio San Rafael de San Fernando y padre de cuatro hijos, trabaja durante la semana como carpintero y los fines de semana como sonidista.

Pasaron ocho años de los incidentes, la causa está parada y Horacio busca testimonios y pruebas elocuentes que puedan dar cuenta de lo que sucedió aquel lunes fatal en Mataderos.

Marcelo murió como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio luego de haber sufrido la quebradura de tabique y haber perdido masa encefálica por los golpes.

"Él no era barra, era cero violencia. Se fue de la cancha cuando se empezó a pudrir todo y fue uno de los primeros en llegar a los micros. Ahí vio a uno de sus sobrinos en medio del lío y bajó para ayudarlo", contó Horacio, hermano de Marcelo a ElArgentino Zona Norte sobre los hechos previos a la muerte de su hermano.

Un testigo dijo haber visto cómo entre tres o cuatro le pegaron patadas y sillazos, hasta que lo desmayaron en la vereda, y luego le pegaron con un adoquín, pero como era menor, su padre no lo dejó declarar. Y ahí se terminaron las pruebas judiciales. “Me investigaron más a mi que a los barras”, recuerda en INFOnewsel hemano de Marcelo. 

“Me investigaron más a mi que a los barras”, recuerda el hemano de Marcelo.

La familia de Cejas denunció a los barras de Chicago y a los policías de la Comisaría 42, que prestaron servicio en el partido, y no obtuvo respuesta. “En la comisaría hay carteles de Chicago agradeciéndole al comisario”, se indigna la familia de Marcelo. Ariel "El Gusano" Pugliese, líder de la barra de Los Perales, fue indicado como uno de los que participaron de la golpiza a su hermano, pero luego del partido se fugó por cuatro meses y nunca fue citado a declarar. Las cámaras de seguridad del estadio que apuntan para el lado de la gente de Tigre no funcionaban.

“Pugliese es puntero, se lo vio en varios disturbios como por ejemplo en la feria del libro y además aparece en una foto acompañando a Lionel Messi”, cuenta Horacio.

Nunca hubo imputados. Hoy la causa está archivada. El caso de Marcelo es una bisagra en el fútbol argentino porque es el que desató que a partir de su asesinato no vayan más hinchadas visitantes a los partidos. Ocho años después, el panorama es el mismo.

Un barra preso

Alan Schlenkler está preso, pero otro tema. Si bien está sentenciado a perpetua por el crimen de Gonzalo Acro,  el ex líder de la barra brava de River está condenado a 12 años de prisión por el homicidio de un ´dealer´ en 2001 en una villa de la localidad bonaerense de Munro. Mariano Cúneo Libarona es  abogado de Alan y también está ligado a Racing. Los lazos se entretejen nuevamente.