La Rusia de Fabio Capello buscó constantemente lateralizar el juego para, una vez acomodado al ancho del campo después sí poder pensar en volverse profundo. Pero recaer tanto en estas situaciones terminó por hacer previsible al seleccionado europeo, que terminó pecando de tanta reiteración.

Recién sobre la media hora se adelantó en el campo, aunque en ese toqueteo constante más de una vez la pelota retrocedió por detrás de la línea media. Los coreanos, atentos a esto, replegaron a casi todo el equipo en los metros finales. Curiosamente los coreanos cuando se hicieron del control de la pelota en vez de buscar velozmente el arco rival con una contra electrizante se inclinaron por tocar en corto.

Los dos, ocupados en ser prolijos y adueñarse de la posesión, se mostraron precavidos por demás a la hora de arriesgar. Apenas un puñado de aproximaciones le pusieron emoción a un primer tiempo olvidable.

En el segundo tiempo, con el reloj corriendo en contra de los deseos de unos y otros, ambos elencos intentaron abrir el marcador. Empezaron a ocuparse de atacar aunque sin generar situaciones claras de gol. Los remates de media y larga distancias fueron las vedettes de la tarde noche brasileña.

Incluso el 1-0 a favor de los coreanos llegó por intermedio de esta vía, aunque gracias a la complicidad del guardameta ruso después del tiro de Keun-Ho Lee. Pero poco le duró la alegría a los asiáticos. En la réplica los hombres de Fabio Capello entraron al área y, después de una serie de rebotes, encontraron la igualdad gracias a Alexandr Kerzhakov.