por Sebastián Silvestri

Los números son cada vez más alarmantes. En los 2000 hubo un promedio de 5,1 muertos por año mientras que en lo que va de esta década esa cifra aumentó a 10,75. Surgen muchas preguntas respecto a los orígenes de esta problemática mundial que hace mella no sólo en los estadios sino también en los estratos sociales. No hay ricos y pobres en esta lucha, todos están afectados.

“Se debe entender hasta donde están metidos (por lo barras), comprendiendo la cuestión cultural de cómo la sociedad los fue avalando y aplaudiendo. Esto implica que hay que luchar en base a ese fenómeno. Hay que hacer un estudio serio y ver el panorama”, afirma el periodista y abogado, Pablo Llonto a INFONews.

El ¿ejemplo? de Inglaterra

En Gran Bretaña hubo un cambio que logró erradicar la violencia del fútbol aunque lo transformó en un espectáculo más elitista expulsando a las clases trabajadoras. El 25 de abril de 1989, Liverpool y el Nottingham Forest se enfrentaron en la semifinal de la Copa de Inglaterra, hoy más conocida como FA Cup. En ese encuentro murieron 96 personas asfixiadas por los desbordes que hubo en las gradas de un estadio en pésimas condiciones. La policía culpó a los “Hooligans”. Sin embargo, luego del informe del juez Ian Taylor las autoridades dieron cuenta de que la información fue falseada y de que el problema se originó por negligencia del personal de seguridad, acostumbrado a maltratar a los hinchas. “El hooligan era muy violento. Le fascinaba ir a la cancha, emborracharse y provocar destrozos. Era una violencia del grupo, que no se vinculaba para nada con la política”, señaló a INFONews Mariano Bergés, ex juez que tuvo a cargo varias causas de hechos en donde estuvieron involucrados barras.

“La situación inglesa con la argentina dista mucho. La diferencia fundamental, es que el hincha violento tiene cierta protección en la Argentina

“La situación inglesa con la argentina dista mucho. La diferencia fundamental es que el hincha violento tiene cierta protección en la Argentina. Cuando el Ejecutivo tomó la decisión de terminar con eso, lo hizo más fácil porque no tenían relación”, añadió Bergés.

El diario inglés The Guardian publicó que Margaret Thatcher “odiaba a los hinchas de fútbol porque, de hecho, odiaba a las clases trabajadoras. Creó un Estado policial y criminalizó a mineros e hinchas por igual”. Llevó adelante el inicio de las políticas neoliberales que luego llegarían a los países periféricos. Comenzaron las privatizaciones y los recortes lo que significó la desprotección de lo más humildes y favoreció a los más ricos.

Lo que pasa en la Argentina: la figura del “barra”

Decir que la violencia en el fútbol es sólo producto de las barras implica achicar el debate ya que supone dejar de lado problemáticas sociales, políticas y económicas. Todo esto comenzó en 1924 cuando tras un amistoso, un hombre recibió un disparo. Con él comenzó la lista de muertes relacionadas a la violencia en el fútbol argentino. En Crónicas del aguante, Pablo Alabarces estima que el puntapié de la historia moderna de esta "enfermedad" se produce en 1958 (inestabilidad democrática, represión policial, pésimas condiciones de los estadios, obtención de ingresos a cualquier costo: negocio fútbol-espectáculo). Momentos en donde el peronismo estaba proscripto y Arturo Frondizi estaba al mando del país.

Para Eduardo Archetti (antropólogo, sociólogo y estudioso del fútbol) la aparición de la barra brava está vinculada a la eclosión de la violencia política argentina, a mediados de la década del 60. Luego del asesinato de Héctor Souto (tenía 14 años cuando una patota lo mató a golpes en un partido entre Huracán y Racing en 1967) los medios decidieron llamar a los asesinos, barras bravas.

“En Argentina hay muchos violentos que son dirigentes políticos como (Hugo) Moyano, Mauricio Macri, (Luis) Barrionuevo, Juan Carlos Rousselot (ex intendente de Morón con vínculos la barra de Deportivo Morón). Donde la relación política se mezcla con el fútbol. El barra termina siendo puntero.” afirma quien además de abogado es miembro de la ONG Salvemos al Fútbol.

“Me encontré con un sentido de la fuerza propio de la tribuna, que es un factor de inclusión en el mundo masculino. Para pertenecer a una barra hay que pelearse con los otros, dentro y fuera de la hinchada. Es la mejor forma de hacerse respetar y de escalar posiciones en una barra. Y otra cosa novedosa que encontré es que ser integrante de una hinchada les otorga a sus integrantes una amplia red de protección social a nivel barrial”, sostuvo José Garriga Zucal, investigador del CONICET en Página/12.

Todo esto se potenció con la última dictadura militar entre 1976-1983. Fue el punto de inflexión para que se profundizaran los métodos de estos grupos organizados. “En Inglaterra hubo un compromiso y no hubo vinculación ni con la dirigencia deportiva, ni política, ni sindical. Aquí hay lazos muy fuertes de policías, políticos, sindicales, incluso la misma justicia”, dijo a INFONews Liliana Suárez de la ONG Salvemos al Fútbol.

“La cuestión en la Argentina es que se excedió el tema general de la violencia en el fútbol respecto de otros países. Aquí hay un altísimo grado de composición distinta: las barras lograron insertarse en las estructuras administrativas y sociales de los clubes y sus conducciones”, agregó Pablo Llonto. Un caso ejemplificador es el Raúl Gámez, ex barra de Vélez Sarsfield. Se lo pudo ver en el mundial de México 86 a las piñas y que más tarde terminó siendo presidente de las institución de Liniers (e incluso candidato a presidir la AFA).

La lista de víctimas en los estadios asciende a 287 muertos desde 1924 hasta el día de hoy. De esa fecha hasta 1979 hubo 132 de los cuales 71 pertenecen al episodio de la Puerta 12. Mientras que de 1980 a la fecha se produjeron 184 víctimas. En muchas investigaciones judiciales no se encontraron culpables y los sospechosos fueron absueltos. En otros, la represión policial fue el factor central y tampoco hubo condenados. Sin embargo, no parece haber soluciones a corto plazo de manera que se extirpe de raíz el problema. Los especialistas en el tema coinciden en que es importante que haya una decisión política, que sea el mismo Estado el que tome cartas en el asunto.

“Todo hace indicar que lo que se intenta siempre es que el hilo se corte por lo más fino, por el lado de los barras. Aunque lo que se debe hacer es dinamitar el sistema corrupto, romper la estructura. No hay voluntad de hacerlo porque salpicaría a todo el mundo. Si no los contratas para otro trabajo y no le das otro tipo de banca económica, van a empezar a caer por su propio peso”, argumentó el periodista Gustavo Grabia para INFONews.

“En la Argentina es distinto, porque hay muchos violentos que son dirigentes políticos como (Hugo) Moyano, Mauricio Macri, (Luis) Barrionuevo, Juan Carlos Rousselot. El barra termina siendo puntero"

Cambio de frente

La cultura es un aspecto que no se puede obviar en este tema. Es posible que este fenómeno en la Argentina tenga que ver con la educación. “Las medidas que se puedan tomar son importadas pero que no tienen nada que ver con las características del fenómeno que significa la barra en todos los clubes en la Argentina. El componente violento tiene que ver con una alta dosis de fascismo. Entendiendo la persecución, hasta el grado del exterminio del otro, del rival”, expresó Llonto.

Aquí es donde se observaría que las autoridades, instituciones y el Estado presentan debilidades. Falta una visión global del tema para poder enfrentarlo. Hacer cumplir la ley y que sea pareja para todos. “El problema es que no se respeta. Tenemos la Ley 24.192 (Ley De La Rua – Ver infografía) que es muy completa pero no se aplica”, agrega Suárez. Se sancionaron a los clubes por hechos de violencia aunque de manera injusta.

Los jugadores y técnicos son testigos de esta situación. Ver a Fernando Cavenaghi parado al lado de los hermanos Schlenker, o a Martín Palermo al lado de Rafael Di Zeo son algunos ejemplos. Incluso existe cierto grado de legitimidad por parte del espectador. Se tomaron algunas medidas como la creación del Comité de Seguridad en el Fútbol y el Consejo Nacional para la Prevención de la Violencia y Seguridad en el Fútbol. El panorama aún es adverso: aumento de las víctimas, los visitantes tienen el ingreso limitado y muchos partidos se han jugado a estadio cerrado.

Los actores en este conflicto

Las instituciones tienen o tuvieron a los barras como empleados aunque dicen desconocer quienes son. Incluso muchos fueron parte de entes gubernamentales. Los dirigentes deportivos son actores principales de esta problemática, ¿falta sangre joven para romper con esta estructura que está oxidada? 

Desde la dirigencia sindical y política tampoco parecen querer enfrentar este asunto. Uno de los casos paradigmáticos es el de Independiente. Allí una agrupación cercana al sindicalista Hugo Moyano tomó mayor protagonismo. Este es el mismo sector que, en el conflicto que sucedió en Quilmes por la recolección de basura, afirmó: “Si tiene que haber un muerto, va a haber uno, dos o tres muertos”. Ese es el sector que se supone va a manejar a Independiente. En este mismo contexto, en el 2006 el chofer de Pablo Moyano, Emilio Madonna Quiroz, fue procesado luego de ir armado y enfrentarse a los tiros con la UOCRA en el traslado de los restos de Juan Domingo Perón a la quinta de San Vicente. Sin dejar de nombrar a El Polaco, guarda espaldas de Hugo Moyano, quien fuera jefe de la barra de Independiente.

Los casos siguen. Hacia finales de 2008, Newell´s Old Boys de Rosario vivió la peor parte de su vida. Estuvo muy cerca de perder la categoría a raíz de una pésima administración de Eduardo López quien es investigado por desviación de fondos de la entidad rosarina. Su ladero en esa faena fue Roberto Pimpi Caminos, líder de la barra leprosa, quien terminó siendo asesinado en el año 2010 en un bar tras lo que se supuso una traición de la propia agrupación.

Dentro de esta tónica no puede dejarse de lado a Rubén Eduardo La Chancha Alé, ex presidente de San Martín de Tucumán, acusado de enriquecimiento ilícito y lavado de dinero, investigado por la UIF por los fondos con los que asumió la presidencia del Santo y denunciado en reiteradas ocasiones por Susana Trimarco como uno de los culpables en la causa de Marita Verón. (su ex esposa María Jesús Rivero fue absuelta).

En 2010 surgió la agrupación Hinchadas Unidas Argentinas. La posta la tomó Marcelo Mallo vinculado a las arcas políticas. El objetivo fue parar con los enfrentamientos entre barras (para ese entonces en el ascenso ya no se admitían hinchas visitantes), hacer buena letra y tener el premio de viajar a Sudáfrica. De esta manera, con fondos aún poco claros, accedieron a la Copa del Mundo más de 600 hombres (muchos con causas judiciales en su contra) aunque luego fueron deportados. Uno de los casos más llamativos fue la presencia de Pablo Bebote Álvarez. En torno a este tema, el 11 de marzo de 2010, en Florencio Varela la “interna” de Defensa y Justicia se cargó a Marcos Galarza, que perdió la vida a puntazos. El motivo: el reparto de viajes al mundial pasado.

Estos mismos hombres, bajo otro mando se presentaran nuevamente, aunque esta vez será en Brasil. El martes 6 de mayo, la agrupación se hizo presente en la puerta de la AFA para solicitar el pedido de entradas y que no haya investigación desde la justicia sobre los antecedentes ni tampoco que la AFIP les este encima. Algunos representantes pudieron ingresar y fueron atendidos en Viamonte 1366. Algo poco frecuente. Desde el gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el de la Nación enviaron información sobre algunos de los hombres que van a viajar.

La combinación de las tres patas: dirigencia deportiva, sindical y política parece no darle respiro a un deporte cada vez más sucio y agresivo, aunque el análisis es más profundo. Lo que sucedió en Inglaterra hace 25 años es un ejemplo de que existe una solución aunque el modelo no es aplicable en Argentina. El deporte sobre todo el fútbol, debe ser accesible y no un imposible. La pobreza no es un argumento válido. “Si creemos que los pobres son los violentos arrancamos de un perjuicio de clase que nos impedirá entender el fenómeno. Hay barras que vienen de barrios pauperizados, de clase media, o incluso de sectores acomodados.”, afirma Garriga Zucal en el diario Página/12. Contra la violencia se puede, pero se debe querer hacerle frente con decisiones políticas y un cambio cultural fuerte. Se precisan ámbitos de debate entre los socios, buscar mayor inclusión para así eliminar la enfermedad que aqueja al deporte más hermoso de todos.