Hay distintas maneras de llegar a jugar un Mundial. La primera, la más directa, es ser un futbolista dotado de condiciones que le permitan destacarse por encima de todos los demás colegas de posición y nacionalidad. La segunda, más aventurera, es ser un futbolista al que no le alcanza para sobresalir por sobre sus coterráneos, pero sí  entre los de algún otro país, del que debe adoptarse la ciudadanía. Y la tercera, más sencilla, es la que está al alcance de cualquier simple mortal que no haya sido beneficiado con el don celestial de tratar muy bien al balón: el videojuego oficial de la Copa del Mundo.

Tal vez no haya industria que haya evolucionado tanto en los últimos 30 años como la del entretenimiento electrónico. Y son los juegos de deportes los que más se han beneficiado de ese crecimiento, con el fútbol -deporte rey- como mayor exponente. El 2014 FIFA World Cup Brazil (tal su nombre oficial), a cargo de la empresa EA Sports, como sucede cada cuatro años desde 1998, entrega posibilidades que nunca antes habían estado a la mano del jugador: el juego tiene la licencia de 203 de las 207 federaciones afiliadas a la FIFA y todas pueden ser utilizadas para desandar el camino desde el debut en las Eliminatorias hasta la final en Río de Janeiro. Disponible para Playstation 3 y Xbox 360, el título permite jugar el Mundial tal como fue sorteado en diciembre pasado, así como distintos modos de juego on line. También se podrán  actualizar los planteles una vez que los 32 entrenadores (presentes en las animaciones) entreguen las listas definitivas de 23 jugadores el 31 de mayo. Pero la historia no siempre fue así.

La primera vez que la FIFA entregó una licencia oficial para un videojuego fue en México 1986. Y fue un verdadero fiasco. La empresa U.S. Gold realizó un juego con tantos problemas que, sobre la fecha de presentación, decidió descartarlo y refritar (sin anunciarlo) un título anterior al que le modificaron los países y los nombres de los jugadores. De los 24 países participantes, sólo ocho eran elegibles para jugar el modo “Copa del Mundo”. Para Italia 1990 fueron cuatro los juegos que tuvieron la venia de FIFA para venderse como productos oficiales, según las distintas consolas disponibles en la época. Aunque uno de ellos proponía un singular partido de ocho contra ocho, todos entregaban la posibilidad de jugar con cualquiera de los clasificados. Todo un avance. Estados Unidos 1994 fue el último de los juegos a cargo de U.S. Gold. Y fue su mejor trabajo: sorteo previo al partido, la posibilidad de controlar al arquero y de armar la formación fueron algunos de los avances.

Dos años después, EA Sports adquirió la licencia de la entidad rectora. Y desde entonces, la sociedad no paró de crecer: ¿quién no recuerda la pegadiza melodía de Tubthumping, el tema de la banda británica Chumbawamba que ponía música al juego de Francia 1998? Los de Corea-Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010 pasaron algo inadvertidos, a la sombra de un Pro Evolution Soccer que –sin contar con licencias oficiales– los superaba ampliamente en jugabilidad. Desde entonces, la brecha entre las dos grandes franquicias del fútbol virtual se ha reducido ostensiblemente.  E incluso, según el ojo del consumidor, hasta puede haberse revertido la tendencia. Con uno o el otro, la adicción es la misma.
 A jugar se ha dicho.