En una de las paredes del Islas Malvinas todavía aparece la hoja que informa la ubicación en las cabinas de las radios que transmitieron el 3-2 de All Boys sobre River. El papel está repleto: no hay ni medio renglón vacío. Jonathan Calleri, autor de uno de los goles en aquella victoria por la 8º fecha del Final, lo encuentra y lo usa para explicar lo que sucede cuando un club grande llega a Floresta. “Mirá lo que genera River. No faltó nadie”, apunta el pibe de 20 años, un puñado de partidos en Primera y tres goles. Esas apariciones le bastaron para que Boca se cruzara en el incipiente recorrido del sobrino de Néstor Fabbri: el Xeneize, en enero pasado, se quedó con el 30 % del pase y la prioridad para comprar a la joya de las inferiores del Albo.

–¿Cómo fueron esos días después del gol a River?
–Uuuh, me llamaban todos. Los que no aparecieron nunca, los que te hablan siempre, los de la primaria, los del colegio. Le hacés un gol a River y aparecés en todos lados. Si se lo hacés a Olimpo preguntan quién lo hizo. Un gol contra River vale más que el resto.

–¿Cómo te llevás con la exposición pública?
–A veces es difícil. Cuando ganás está todo bien. Cuando perdés o hablan mal de alguno, tal vez al jugador no le gusta y trata de morderse los labios para no contestar o responder otra cosa o, como se dice, con el casete. Cuando empecé a hablar por la radio se me hacía bastante difícil. Trataba de esquivar y tal vez decía algo de más. O algo que no tiene que salir a la luz. Fui aprendiendo de a poco.

–Si un hincha de Boca vio el partido ante River, ¿qué imagen tuya le quedó?
–Era un partido que iba a mirar mucha gente. Ricardo (Rodríguez) me dio la confianza de ser titular el partido anterior y así pude ir más tranquilo a jugar con River. Creo que se habrán llevado una buena impresión.

–¿Cómo manejás el tema de la ansiedad de saber que tu futuro está en Boca y seguís en All Boys?
–Tenía problemas de ansiedad, de no saber cómo manejar las cosas: cómo hablar con la prensa, cómo encarar un partido, cómo enfrentar los miedos previos a un partido y tener tranquilidad para jugar. Por eso hace tres años empecé a trabajar con un psicólogo deportivo que me ayudó mucho en todo esto. La ansiedad o la cabeza iban más rápido que yo. Ahora estoy más tranquilo.

–¿Por qué decidiste empezar la terapia?
–Cuando fuimos de pretemporada a La Pampa con la reserva tenía un profesor nuevo, Pablo Dolce. Me vio jugar contra Berazategui: empatamos 2-2 y yo hice los dos goles. Me llamó: “La verdad que jugás muy bien, pero necesitás un psicólogo deportivo”. Lo miré con cara rara, como diciendo yo no estoy loco ni tengo problemas en mi casa. Me recomendó que lo llame, me interesé, averigüé. Fui una vez, dos, tres y ahora hace tres años que estoy yendo con Marcelo Roffé. Ya es un amigo para mí. Tanto él como el profe me ayudaron mucho y me dieron un empujón muy grande para hoy estar en la Primera.

–¿Cómo cambiaste de opinión?
–Nunca había escuchado lo del psicólogo deportivo: tenía la idea de que era para locos. Me interesé, lo llamé a Marcelo con un poco de miedo, pero me gustó. Fue un cambio importante en mi juego, en tratar de no fastidiarme cuando no me llega la pelota. Es una parte del fútbol y de cada uno que hay que desarrollar.

–¿Cómo tomaste la posibilidad de ir a Boca?
–Llegó de sorpresa, porque las últimas tres fechas del Inicial 2013 no había sido convocado. Se hablaba de San Lorenzo, de Vélez, de Estudiantes y de Arsenal. A mí nadie me había llamado pero lo leía en los diarios y en las redes sociales. Tenía la ilusión de que se concrete algo. Estaba de vacaciones, me llamó el secretario del club y me contó que había unas trabas por Hernán Grana y por Nicolás Colazo. Querían mi 30%o por esa deuda. Es un paso importante en mi carrera, pero sé que Boca no dijo “Quiero a Calleri” sino que hizo una inversión.

–¿Lo seguís más que antes?
–Trato de mirar todos los partidos. Siempre fue un amante del fútbol. Me gusta Boca y ojalá que el día de mañana pueda jugar ahí. Sé que me falta mucho, tengo 20 años y me falta aprender un montón de cosas. Sólo tengo seis meses en Primera.

-–¿Pensás en las coincidencias que hay con la historia de Fabbri, tu tío, que también de pibe pasó de All Boys a un grande como Racing?
–Trato de copiar mucho de lo que él hizo. Es un gran profesional. Ojalá pueda hacer la mitad o un cuarto de lo que logró. Muchos hablan de que era un gran jugador. Algunos decían que era medio rústico (se ríe). Por algo jugó en la Selección y en Boca, por ejemplo.

–¿En qué te ayudan él y Guillermo, tu viejo, que también fue jugador de All Boys?
-Los dos eran categoría 68. Jugaron juntos y ahí mi papá se casó con mi mamá, la hermana de la Tota. Soy de acá, vivo en el barrio y soy hincha de All Boys. Es un vínculo muy grande con el club. Mi viejo no pudo, pero mi tío sí dejó una parte de historia en este club.