La remera negra de Fernando Gago contrasta a más no poder con el color blanco del sillón sobre el que está cómodamente sentado. Se nota la relajación en su postura, en su mirada y en su tono de voz. La situación lo amerita: desde un escenario, el mediocampista escucha las inocentes preguntas de un grupo de chicos de seis a 12 años. Desde un costado, de pronto, surge una voz que poco tiene de infantil: “Yo tengo una pregunta para Gago: ¿me podés decir los once que van a jugar el domingo?” El hombre de Boca no puede más que reírse. Martín Palermo, que oficia de moderador del evento, también suelta una carcajada. Todos los presentes en el salón se suman con un aplauso. El autor de la concisa interrogación, que también sonríe, no es otro que Fernando Cavenaghi, el otro participante de la charla con los jóvenes organizada por la Fundación SOS Infantil.
Por tercer campeonato consecutivo, en la semana previa al Superclásico, SOS Infantil organizó, de manera conjunta con los Departamenos Boca Social y River Solidario, el “Mano a Mano por los chicos”, con un jugador del Xeneize y otro del Millonario. En un clima distendido, que buscó desdramatizar la rivalidad, Gago y Cavenaghi comenzaron a vivir el duelo del domingo en La Bombonera.
“No se puede describir lo que significa jugar un clásico. Es algo muy lindo. Todos le queremos ganar a River, pero hay que manejar la ansiedad: no es conveniente empezar a jugarlo antes”, se sinceró el volante azul y oro. “Yo estoy disfrutando mucho esta semana, porque pasó mucho tiempo desde la última vez que jugué un Superclásico por los puntos, más allá de los de verano. Estos días son raros, especiales, la gente te recuerda el partido en todos lados. Es un orgullo y un privilegio tener la posibilidad de disputarlo”, contó el goleador de la banda roja.
Entre anécdotas de épocas pasadas, recuerdos de la infancia (como la vez en la que Cavenaghi no pudo probarse en River porque se enfermó justo el día de la práctica o los posters de Fernando Redondo y Gabriel Batistuta que Gago tenía colgados en su habitación) y repasos por las carreras de ambos, los jugadores –así como también lo hicieron los presidentes Daniel Angelici y Rodolfo D’Onofrio, también presentes en el evento– bajaron un discurso conciliador y de paz de cara al partido: “Esta unión entre los dos clubes es un gran mensaje que damos, para que el domingo se disfrute de los dos lados”, remarcó Cavenaghi.
Claro que, más allá del pedido de cordura, hay tres puntos en juego. Y el punta de River sabe lo importante que sería conseguirlos en un Alberto J. Armando colmado únicamente por hinchas de Boca: “Ya me tocó una situación parecida en la Libertadores de 2004, no es bueno para nadie que no haya público. Pero hay que aceptarlo. Me gustaría hacer un gol y besarme el escudo, en representación de todos los hinchas que nos van a estar apoyando.”
La chicana del delantero no pasó desapercibida. Y el que salió en defensa del conjunto de la Ribera no fue otro que Palermo, viejo verdugo Millonario: “Sé que hiciste goles en la Bombonera, pero ninguno fue en el arco de La 12. Esperemos que el domingo tampoco lo hagas... En realidad, no lo vas a poder hacer porque ese lo tengo en casa, je.” Las risas nuevamente se hicieron dueñas del salón. Como debe ser. Porque, al cabo, más allá de la rivalidad, las ganas mutuas de ganarse y las obligaciones en el campeonato, el fútbol no deja de ser un juego.