Por Cristian González

Es fundamental tener en cuenta a la hora de pensar y tener la iniciativa de comenzar a patear con una tabla de longboard lo necesario para salir a la calle. Ya sea el equipamiento y el abanico de ofertas y precios hasta los artículos de seguridad, indispensables para poder disfrutar, divertirse y también cuidarse de posibles accidentes. Melavuelo llegó hasta Surf Urbano Shop y allí no sólo averiguó todos los valores y variedades de tablas sino recogió más testimonios sobre el boom de este deporte en Argentina. “El crecimiento es muy notorio. Viene de la mano de muchas empresas que están trayendo artículos al país y apuestan a seguir popularizando la actividad. Sin embargo, el boom del long también tiene como significado el avance que tuvieron en los últimos cinco años todos los deportes de tabla. Ya sea longboard, surf, snowboard, skate, etc. Nosotros siempre decimos que somos los surfistas de la jungla de cemento. Y el long nos da la posibilidad de hacer lo que nos gusta en el mismo lugar donde vivimos”, afirma Benja, quien nos abrió las puertas de su negocio para conocer más sobre este deporte.

 En cuento a equipamiento, los precios van desde algo que puede usar un principiante pero que no tendrá que cambiarlo apenas suba un poco de nivel. Las tablas varían entre 900 y 2500 pesos algo profesional. Lo importante es que las tablas se arman en el lugar, a gusto y de acuerdo a las posibilidades del cliente. Mientras tanto, un casco va desde los 200 hasta 1100 uno para competir en Downhill (bajadas). Por su parte, los elementos de seguridad (rodilleras y coderas) oscilan entre los 200 y 400 pesos. Y por último, para los que quieran hacer esto un tanto más profesional y competir en la ruta es necesario un traje de cuero, cuesta cerca de 2500 pesos, y guantes, con un valor entre 200 y 400 pesos. 

Otro que participó de la nota con su experiencia es Gastón, un raider porteño, que nos dio su perspectiva sobre la popularidad de esta disciplina en la Argentina: “Claramente, en los últimos meses, por no decir los últimos dos años, hubo una explosión en la práctica del longboard. Cada día se ven más personas con sus tablas en distintas zonas de la Capital, que es donde yo ando”. “Por un lado está bueno, porque mientras más gente patea, más se da cuenta de que está bueno y recibimos menos críticas. Pero por otro, lógicamente, algunos points de la ciudad se vuelven impracticables en los días picos por la cantidad de personas”, agregó. Sobre su experiencia, Gastón nos contó: “Yo empecé a patear hace un par de años, pero lo hacía muy de vez en cuando. Recién a principios de 2011 le compré la tabla a un amigo y desde entonces la uso todos los días (incluso, a veces, bajo la lluvia, jaja)”.

Sumándose a los que muchos otros hacen, para este longboarder la tabla también es un medio de transporte: “La uso más como medio de transporte que por placer: voy al trabajo, a la facu, a lo de mis amigos, a todos lados. Y de vez en cuando meto salidas placenteras y vamos a patear a Palermo, más que nada. Nos gusta ir a la Plaza del Líbano, el Rosedal o arrancar para Plaza Serrano, hacer un stop para tomar unas birras, y seguir pateando”. “No pertenezco a ningún grupo, pero con tres amigos del laburo solemos salir a patear, sino solo, como ya dije, voy a todas partes. Estar sobre la tabla es algo que sólo puede entender el que se haya subido. Ya sea de surf, ski, snowboard o skate. El longboard, a diferencia del skate, te da más velocidad, una sensación de libertad y adrenalina únicas. Subirte a la tabla, de noche, con la ciudad vacía, escuchando buena música, no tiene comparación. Sé que es peligroso a veces, porque te perdés un poco (entre la música, la emoción y la velocidad, entrás en un estado muy elevado), pero con un poco de cuidado y conciencia, la idea es que no pase nada”, agregó.

Agradecimientos: A Mala y Gastón, los raiders, y a Surf Urbano Shop (Bulnes 1725, Palermo. Tel. 4822-8892).